miércoles, 21 de noviembre de 2012

Existencialismo mecánico


Camina despacio a paso ligero bajo el asfalto
suelo peguntoso
qué bello suelo a la luz del sol
oculto.

Ríes sin parar te tronchas
en el castillo de humo de la poca gracia.

Todo es poesía y no puedo evitarlo
doy un paso y ahí está la baldosa quebrada.

La esquina recta, la salida del cole,
bullicio vacío,  ausencia.

No puedo aguantar, urge la libreta
y el rojo y la luz tenue.

La mesa la copa y el caldo del puchero
inyectado en la vena del muerto
que sigue muerto y abre un ojo
y hace una cruz con el pulgar y el índice
ahuyentando caobas y despertando caballos.

Poeta de la puerta del Cementerio Inglés,
a ver buques que navegan en un mar de niebla
mimosas
fantasmas de fiestas lejanas
alegorías
Martes descansa y Venus le observa.

El sur ceceante las eses silbantes,
con aire fresco no cesan de latir los corazones.

Las aves desterradas migran en flecha
y el apoyo mutuo sonríe.

Aquél tiene el atractivo en el blanco de los ojos
es tan blanco que parece un libro, un lienzo, un pincel blanco.

El efecto rebote de una vacuna gris
le hizo un arco iris en la yema de un dedo
y el biombo japonés cerró por iniciativa propia
para tapar la desnudez.

Una página arruina a un mosquito
y media y un cuarto una línea una palabra,
en cambio una letra nunca
está por decirse toda
por eso es que la mejor gramática es un alfabeto
dos tres todos los alfabetos dialogando
a las tres cuarenta PM.

Lo extraño todo,
la pequeña nube que escapa en la Sierra de Alhaurín
el anuncio del poste que vende pisos baratos,
pero sobre todo a mi sombra
que me persigue delante, implacable
y se gira y me guiña
como solo ella sabe hacerlo
se proyecta en un muro de piedra
para estar a la par con mi boca,
lee la prensa, la marea blanca, la marea verde, los recortes amarillos.

La vida se apaga en litronas de motores de ocasión
escritura mecánica, surrealismo puro,
mi sicoanalista lo sabe
soy el que busca
pero nunca pagaré para decirlo en un sofá,
se lo diré a mi sombra
en un bordillo de un jardín cualquiera
de una calle cualquiera
al amparo del rugido de un avión en vuelo bajo.

La última hoja de otoño se encara al ficus
diciendo lo que ve
para no decir lo que vive
sinvivir desasosiego,
convivir hombre no seas pesimista
!optmismo¡

Abomino del poeta triste sentado en la taza de café
y la cucharilla que toma un dedo para endulzarlo
pensando en el cuarteto de los albañiles
mientras construyen el conservatorio
y el pic pic del remolque
que no deja de tocar la sinfonía del Nuevo Mundo
a ver dónde está la luz y la ilusión.

El auténtico mecánico de bisturí
no pone nada en los cajones de guarda poemas,
eso es miedo,
¿tú no temes, no dudas?
a ratos.

Dos finas cintas verdes en la muñeca
un puño verde apagado, chaqueta negra
pañuelo negro arrugado enroscado al cuello
por prevenciones
una espiral uniforme, un tornillo sin fin
un ocaso de los dioses.

Una diosa
no quiero dios, quiero diosa, ya lo dije
que me arrope y me acaricie
con todo el poder, con un diez
le ofrezco la chaya a mi Madre Tierra, y sonríe
!por fin una risa¡
cuánto ha costado arrancarla.

La poesía es diosa, mujer
con la fuerza del tornado en la palabra
que me embriaga y le digo 
cazando palabras subsisto despierto.

La empatía es un don
de diosas que no gobiernan
que están en todo y nadie sabe.

Universo paralelo desdoblamiento
le encargo a mi doble que se encargue él
y yo duermo.

Correr sin parar huir adelante
cabe en mí y me desborda
sueño.