miércoles, 3 de diciembre de 2014

Se melón el levanta de actos


En cierta ocasión un nadie descalabrado se topó con unos excavadores que arrasaron un ajuar ibérico para llevar agua al olivar, el agua produjo aceite  y alpechín que se vertió en una balsa de estropajo desgastado del sur, ésta quebró por razones de falta conocida sobradamente inalámbrica en tamboril, contaminó y murió un pez en el río de la cera de una cerilla. Loco de verde se quejó como beben las luces de navidad todos los roscos y calabazas, se dio de bruces contra olas de goteras con piedras en la superficie más profunda de un templo vacío. Durante un tiempo, los medios de transfusión de mesas entraron en desastres de patas y esquinas cercanas, se frenaron los riegos, cerraron los molinos y aumentó el precio de los deslices por platos y cucharones. Avispados que no dan de miel, hicieron leyes sobre pesticidas para gárgolas en arbotantes, y ordenaron a sus lacayos que acarrearan un aumento del precio de todo lo insaturado, se disparó la adrenalina y sudó frío el primo de guardia. Una vez fiambre de tanto soso le echaron sal y el monumento murió de sed. Con el paso del tiempo la erosión hizo su trabajo como siempre, triunfó en ceniza de todo a cano. Sin el paso del tiempo se hicieron prospecciones arqueológicas, se armaron campañas, trazaron el hábitat, se descubrieron estratos, sacaron los cascotes, recompusieron vasijas de barro, e hicieron réplicas exactas para el mercado de al cuelgan. Entre tanto, con tanto en viejo trasfigurado desencajado acongojado, se editó un libro en papel couché, no apto para impresoras de inyección a color, fue todo un éxtasis, uf. A poco de aplausos, colorines grises aguados, inventaron su museo en el reino de las vendas de escayola con horario de apertura de nueve a ningún segundo. La Real Academia de Allí reescribió caco que en caca queda, y fonía empobrecido enmudeció para siempre de dolor.

Quien aquestos cacharros de arriba encontró y aquestotro vivió
Dixi
Sobra todo, la acuarela marrón es ornato innecesario