sábado, 7 de septiembre de 2013



Y todos los poetas y escribientes
y aficionados afilalápices
comprendieron por fin,
era sencillo,
a una hora coincidente
antes que el trueno calculado hiciese !buuun¡

Todos a una
olvidando los blog y los tontos y los listos
de letra impresa editoriales,
poesía de la experiencia para luego
poesía del silencio para luego
poesía del pasado para luego
poesía de la artimaña para luego
poesía para vender para luego
poesía de la conciencia para luego
poesía cuántica para luego
poesía ante la incertidumbre para luego
poesía del fragmento para luego
poesía reflexiva para luego
poesía extramuros para luego
poesía extensa para luego
haikus para luego.

Todas las metáforas escritas tramadas o no pensadas
poesía universal, de las fronteras, del terruño, de la hormiga, del reclamo, del grito, del me callo, del amor del erudito, del críptico hermético, de la intemperie, de la angustia, de la gratitud, de la influencia, confesional o atea, del jarrón chino o el jardín zen.

No escribieron
a esa hora coincidente,
todos a una,
se olvidaron de ellas de ellos mismos
urgente
y saltaron hacia arriba en el puente del infierno,
en el vuelo dejaron atrás al premio nobel de la paz,
a no sé cuántos mariachis del premio nobel de la paz,
a no sé cuántos consejos de seguridad,
a no sé cuántas juntas de jefes,
a no sé cuántos altos estados mayores.

Todos a una
gritaron fuerte sobre el puente
al estilo de Munch,
volaron al vacío
las mechas los humos los truenos los fuegos las metrallas los cascotes,
en el tiempo que dura un verso.

Ni un solo inocente dejó de latir su sangre fuera,
por el silencio de un aficionado afilalápices,
un escribiente,
un poeta.