lunes, 1 de abril de 2013

Que me acoja



Cada mañana me asomo
a la azotea de la terraza más alta
a esperar
el instante que confluya
que te encuentre despierta
mirando al oeste
y recibas
que te doy los buenos días.

Cambio los museos por las plazas
todas las plazas del mundo,
iré a ellas una a una
a buscar en cada banco el sol de la mañana
la paloma blanca en cada flor de azahar
una farola alumbrada en el borde de la taza de té negro con canela,
tengo toda la vida para encontrarte,
en la placa de todos los obeliscos
que desde hoy conmemoran tu belleza,
en la campana que me llama a tu abrazo,
en todos los semáforos que me pienso saltar,
en el pobre que pide una limosna,
y en la mujer que espera para echarme las cartas que la pido.

Te leo en cada calle
cada acera
cada sombra que me protege si el sol aprieta a mediodía,
y en la guitarra del chico que ofrece
a quien pasa, la voluntad,
por las notas que me recuerdan tu canción,
abandono los espacios cerrados
regreso a tu plaza contigo
ábreme las puertas, no tardo.

Mientras llego,
en cada calle la libreta me reclama como loco
a poner tu nombre
no encuentro la hoja para decirte lo que siento,
desespero,
y entonces tu recuerdo me llena,
ya sabes lo que siento,
lo escribo en un barco de papel
y te lo envío.

Cuando llego al final del camino
quiero hacer un poema
mil versos
que me abran veredas tu cielo
y me acoja como un beso tu tierra a la semilla.