domingo, 28 de agosto de 2011

Mujer palestina... así curan sus heridas



Naciste en encrucijada de historias,

sometida a tres culturas patriarcales,
adornadas con shalom, pax y salam.

Inundaron de escombro el cielo, y tú
azarada de dolor, tras el llanto,
te agarraste a titilantes razones en la noche.

Fátima no renuncia a identidad relegada,
si es escudo cotidiano, resistencia en retaguardia
o aliento de conciencias quebrantadas.

Refugiada en tu tierra ocupada, tú
no cesas dulce hojaldre, nuez y miel,
en ocasos ramadanes.

Aicha vive obligada en exilio sin retorno,
y en global resistencia danza el dabke
para aliviar la herida de su corazón roto.

Arrasan los limones de tu huerto, aunque tú
olvidando el cansancio y la afrenta,
cada día cocinas la maqluba.

Intissar, humillada en la puerta del presidio
y los puestos que la ultrajan con esperas,
no pliega su dignidad un solo instante.

Escollan los caminos de tu pueblo, pero tú
agotada de aguantar frente a los muros,
siembras de nuevo el geranio.

Muntaha fue conducida a existencia en la penuria
y el cuidado de los suyos es la brisa
que empuja su vela en jordanes ocupados.

Campesina sin aliento, madre rota o líder desgajada,
tú, mujer palestina, sigues firme,
anhelando el sueño de una sola paz.